El Cartel
Un disparo, dos disparos, tres caletas, cuatro cargamentos, cinco disparos, seis paquetes, siete sapos, ocho explosiones, nueve fincas, diez padrenuestros, papá... ¡coronamos hijueputa! La historia de este país la están contando del lado equivocado, que también es el lado acostumbrado: desde atrás del gatillo y no después del cañón. Aquí hablan los verdugos y callan las víctimas porque pocos escuchan la voz de los ausentes.
Ahora está de moda en Colombia poner el televisor cada noche para ver El Cartel, adaptación de un libro escrita por su autor para la tevé. El libro se llama “El cartel de los sapos” y el autor pasó de narco a guionista después de pasar pocos meses en una cárcel de Miami antes de convertir su discutible testimonio en best seller conseguible en cada semáforo. La historia de un delator que subió a mano derecha del cartel del valle, casi omnipresente en las guerras contra Escobar y entre los carteles y partícipe en la seducción de la corrupción que convierte en malos a los (pocos) buenos policias y quien todo lo logra a pesar de su alergia a disparar. Probó “finura” sin que nadie le pregunte cómo, sólo su ochentera ropa fina lo retrata. Andrés López López se llama (¿por qué nadie lo conocía si estuvo a la diestra de cada extraditable del Cartel del Norte del Valle?) Esta es la nueva versión de la realidad que los jóvenes que no crecieron al arrullo de los carrobombas están dispuestos a aceptar. No falta quien crea que todo lo que se ve en la pantalla es verdad. La ingenua ignorancia siempre tiene pereza de preguntar. Incluso si la mujer de sus sueños orina de pie.
Si pasas los ojos sobre la lista de los libros que popularmente se llevan a casa encontrarás que (salvo la bella excepción de El Olvido que Seremos de Héctor Abad) la regla confirmada es que la biografía nacional la redacta el que escribe con sangre y no con tinta su visión particular. Son literatos consultados el traficante, el guerrillero, también el paramilitar y el computador con copyright que acaban de incautar. Si lo veo bien hay poco de que lamentarse; lo que sucede hoy sólo es una consecuencia natural del morbo tradicional que privilegia el chisme antes que el argumento racional. Pero hoy, como nunca antes en esta violencia que no nos deja dormir y nos acecha al despertar, la voz de los callados –o mandados a callar- también se ha empezado a escuchar.
Dicen que la historia la cuentan los vencedores. Pero esta batalla la han perdido ellos; en sus cárceles y en sus tumbas, en la riqueza pasajera del dinero sucio está la demostración. Si, en esta necesidad de escuchar la Verdad, creemos que la luna sólo ilumina con su lado oscuro entonces habremos perdido todos…
PD/ Tres libros que pueden ayudar a entender la Colombia contemporánea en la que nos tocó vivir y resucitar: “Jamás Olvidaré Tu Nombre” de Patricia Nieto, recoge testimonios de víctimas de la violencia paramilitar escritos por ellos mismos luego de talleres de duelo. “Profeta en el Desierto” de Alonso Salazar, reconstrucción de los últimos años y muerte de Luis Carlos Galán justo antes de llegar a Presidente. Ah, y ya lo dije: “El Olvido que Seremos” de Héctor Abad Faciolince contando a su padre asesinado el médico defensor de los Derechos Humanos Héctor Abad Gómez.
Bonus Track: “El Palacio sin Máscara” de Germán Castro Caicedo, viaje a la intimidad del enigma que fue el holocausto de la toma y contratoma del Palacio de Justicia hace veinte años…. Algunos libros llevan adentro más certezas que “mil investigaciones exhaustivas” juntas.