No hay pánico a la hoja en blanco, todas las páginas están en llamas.
Un escritor que no escribe sabe bien que respirar no es lo mismo que estar vivo.
Equilibrista de palabras, palabrista. Junto silencios para llegar a un poema que no alcanzo jamás.
(Paz sin Fronteras en Cuba)
La canción de Juan
¿Hace cuánto tiempo la palabra Cuba no estaba en los diarios afuera de la misma Cuba y Miami? Sólo por eso, por la mirada que vuelve para bien sobre todos los males es que un concierto asi vale la pena. Qué vengan ahora toda la discusiones que luego llegarán las canciones y con ellas más ojos sobre una isla que tendrá una oportunidad para decir lo que todos los días le han mandado callar. “Paz” no es el sonido contrario al estruendo del estallido de un cañón. Crash like a bomb. Y decir “Sin Fronteras” en un lugar donde se quedó a vivir un abismo es proponer un puente. No será sólo la música de Juanes, con él irán varios de los que desde este lado de la libertad tampoco se pueden ver con sólo querer (¿saben lo que cuesta un boleto para un concierto?) Claro que la Plaza de la Revolución no es un lugar cualquiera y ése concierto no será uno cualquiera en las fechas estampadas de una camiseta de gira. No es cuestión de gustos musicales. Claro que es un gesto político y a la vez una evidencia: el futuro ya empezó. No es algo que vendrá después.
Habrá que recordar que somos el continente del olvido. Por eso mismo la memoria de Cuba importa.
Ya veremos lo que Juanes diga entre canción y canción.
Pero primero hará lo que sabe: cantar
y el mundo escuchará ese coro
Ese día la Plaza estará llena
En el fondo creemos en Dios más de lo que admitimos. Las desgracias naturales (actos de Dios), terremotos, maremotos, lluvias torrenciales, volcanes en erupción y toda clase de fuegos devastadores, nos provocan, al menos por un instante, sentimientos verdaderos de compasión y solidaridad, de empatía con los sufrientes y en ocasiones sacan del fondo de nuestros distraídos corazones, actos o al menos gestos de conmovedora generosidad. Incluso los actos del demonio, los brutales ataques de los distintos terrorismos que en el mundo son, y hasta los crímenes espeluznantes de los demonios sin causa y de a pie, producen más consternación que ira y nos funden en un abrazo con el dolor ajeno. Nuestros propios problemas (las obras del hombre) nos llevan directos a levantar dedos acusadores, a hacer más leña del árbol caído o por caer, que a pensar en la reconstrucción de la cabaña.
Ante los problemas que podemos enfrentar, y ya han dicho los sismógrafos que los terremotos son causas perdidas, apenas se escuchan posibles soluciones, o al menos intentos reales de avanzar juntos frente a las desgracias comunes. Todo lo que se lee y ve a diario son acusaciones salvajes, desprecios constantes y esa vieja máxima política que lo zanja todo amenazando al contrario con el catálogo de su propia torpeza, cuando no con su lista de agravios o su certificado de penales.
No es raro que entre eso que llaman el pueblo llano (que tampoco sé muy bien qué es exactamente) crezca el desasosiego, cuando no la más absoluta desconfianza hacia aquellos encargados, no sólo del escarnio del adversario, sino también, y perdonen la ingenuidad, del verdadero esfuerzo por mejorar el empedrado.
Ante las distintas reuniones del poder se amontona la ira de aquellos que detestan un sistema del que no son más que la parte ruidosa y silenciada. Una bella paradoja.
Parece ser que, en opinión de la reina de Inglaterra, también se había colado algún ruidoso dentro (algunos señalaban a Berlusconi), pero el asunto no es ése.
Es de suponer que la frustración de quienes gritan en la calle es similar a la frustración de quienes sólo han sabido recientemente gritarse entre ellos desde los púlpitos de los medios. Tampoco estaría de más que se contase el número del descontento y se le diera un representante legítimo para que se frustrasen todos juntos.
También los bolcheviques entraban en los palacios, aunque creo recordar que no por estricta invitación, pero eran otros tiempos.
No estaría de más, me parece, que estas reuniones del sistema contasen con al menos un delegado antisistema, aunque esto pudiera generar incómodas contradicciones en el seno de su no movimiento.
Todo en esta vida conlleva ciertas responsabilidades, incluso la anarquía.
En fin, no hagamos sangre con quienes gritan fuera por no tener voz dentro.
Lo cierto es que los líderes del mundo casi libre se sonríen entre ellos en el extranjero, porque saben que al regresar a sus casas la pelea no será contra las fieras que devoran a los ciudadanos, sino contra las fieras que pretenden robarles la confianza de sus súbditos.
Ahora que el mundo es una tienda cerrada, no deja de ser enternecedor cómo unos y otros luchan por hacerse con las llaves de tan siniestro negocio.
Ya que el suelo parece seguir dispuesto a abrirse bajo nuestros pies a su antojo y que el cielo se caerá sobre nuestras cabezas cuando le dé la gana, no sería mucho pedir que empleáramos un poco del tiempo de nuestras plegarias en rezarnos a nosotros mismos.
Sacarnos los ojos no nos está llevando muy lejos.
RAY LORIGA 26/04/2009
PUBLICADO POR EL PAÍS SEMANAL, PERIÓDICO EL PAÍS www.elpais.com