miércoles, enero 28, 2009

(las elecciones cotidianas)

EL TEMA DEL DIA

Se levantan en la mañana a preguntar si el señor dijo que quería volver a sentarse en la silla de la que aún no se ha levantado. Preguntan por el giro y la órbita que un país lleva alrededor de un ombligo. Hablan, dicen, especulan, saben, callan, vuelven a preguntar. Dicen que ese es el tema del día, que a nadie le preocupa otra cosa en el país. Dicen que las flores esperan la noticia para dar los colores que saben dar. Incluso algunas gotas de agua han quedado suspendidas en el aire en espera de la decisión pública del señor que todos se han acostumbrado a escuchar como elude su pregunta universal.

Pero el país no es ese lugar que está esperando un gesto, un guiño, un slogan, una tercera venida del redentor. El país es un lugar que no cabe adentro de los noticieros porque en los noticieros no caben ni las noticias (entre los boletines del ministerio de defensa, los del partido oficial y la espera por el gol del miércoles y las novedades de las telenovelas de todos los días). El país es ese sitio donde el conductor del colectivo sabe que cruzarse un semáforo en rojo tiene una multa que equivale exacto al nuevo salario mínimo con el que su familia encara el mes y aún así acelera para intentar que el próximo pasajero lo acompañe y haga una diferencia en su economía.

El país de verdad no está en ningún titular de los que hacen los que se levantan a preguntar si el señor quiere volverse a sentar en la silla que aún no ha dejado, porque ese país está en el llanto de un niño nacido hace unas horas delante de su madre que aún es una niña de doce años. Ese país que está en la contabilidad fantasma que evapora presupuestos con el calor de la corrupción en tantos lugares de la costa caribe y en el rostro de la fotografía pálida de un pendón de un desaparecido que guarda su madre junto a sus ropas en un cajón. También en la fila de los jubilados esperando la pensión que se encuentra con la de la lista de espera en la sala de emergencias del hospital de al lado. Tantas cosas suceden a un corazón de distancia si lo escuchas palpitar: un chico emocionado en la escuela descubre que el mundo va más allá de donde lo había imaginado, otro más se entrena solitario para competir mañana por su país aunque su país no lo sepa, tantos juntos están levantando la tierra del último derrumbe en la carretera que no está en los mapas de los que hablan en la radio para dar paso al bus veredal.

En este país del que les hablo una beca está por cambiarle el destino a una familia y un hombre se ha echado encima la tarea de legalizar un barrio. Aquí las apuestas de una comunidad están en mejorar la escuela y conquistar un comedor comunitario. Claro que también está el jefe que logra que cada quincena llegue el pago a sus empleados y la abuelita que cuenta historias de cuando todo esto eran mangas mijo mientras al mismo tiempo, a cientos de kilómetros y sueños, en la orilla de un río se detienen a beber con idéntica sed los guerreros de un bando y de otro separados apenas por la belleza de una montaña y unidos por el mismo deseo de abandonar la guerra. En ese país empiezan a rodar otra película nacional que, esta vez, no contará una historia sicarial y un hombre con años en los ojos mientras camina en un parque se pregunta cómo habría sido su vida si hubiera viajado, si se hubiera atrevido.

El país, el de verdad, no está preguntándose ahora si el que no se ha ido volverá… simplemente se levanta a trabajar. Algún día alguien hablará por ellos y se preocupará por lo que preocupa de verdad.

11 comentarios:

  1. Anónimo8:21 a.m.

    Hola!
    Estamos como siempre de acuerdo,tan cruel lo que narras,pero tan hermosamente descrito,que eres de esas personas que tienen como responsabilidad en la vida narrar para el futuro nuestra historia.Alguién lo debe y lo tiene que hacer.Espero de corazón que uno de ellos seas tú.
    Mirabay

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  2. Esta mañana el café no me supo rico Juan, pero apenas leí esta columna me sentí mejor. Porque desde este rincón alguien habla de lo que preocupa de verdad, de ellos, digo, de nosotros. Un abrazo.

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  3. Juan muchas gracias, por fín leo algo sensato, en estos días en los que escuchar de la rreeeeeeeee, me tiene jarto, al ver a una manada de incapaces que esperan que el santo solucione todo, pero que no se preocupan por el de a pie no tiene para el arroz de sus cuatro hijos....
    muchas gracias de nuevo juan y estare visitando tu blog.

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  4. Siempre estaremos atados a este país equivocado y perdido. Por fortuna existís vos, para hablar por tantos otros y por nosotros, los de la agenda y los temas que difícilmente se registran.

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  5. MIRABAY/ ...mientras tu voz siga siendo esa fiesta y también ese lamento esperemos que la banda sonora de los días que vivimos lleve una canción interpretada por vos con el piano de tu madre por testigo...

    UMBERTO/...el café sigue dejando un mal sabor en mis labios al depertar cada mañana. Y no se me quita ni con letras...

    CARLOS/...desconfio sistemáticamente de los santos, qué le vamos a hacer. Y no es un asunto de fe...

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  7. PIEDAD/ ...país equivocado: qué bonito nombre para este lugar. Aunque el espejo me dice que el equivocado soy yo...

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  8. Anónimo12:35 a.m.

    me mataste con la frase de "El país es un lugar que no cabe adentro de los noticieros porque en los noticieros no caben ni las noticias."

    Raúl

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  9. Negrito.
    El país del que escribes cabe en tus palabras, y sale pintado, color sangre y color sonrisa. Cabe en lo que dices, cabe en lo que tecleas.
    Y el país del que escribes cabe en tus palabras porque te cabe en el corazón.
    Tendríamos que aprender a abrir los ojos, los oídos, el corazón, al país de verdad; y leerte sería un maravilloso comienzo.

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  10. Qué bueno que volvió a llover...

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  11. El verdadero país no cabe en los medios, es muy cierto... el tema del día debería ser los niños que durante dos mandatos crecieron sin educación y ahora se dedican a delinquir, por ejemplo. Pero eso no importa, a todos nos ensordece el sonido de las balas y hacemos caso omiso al resto...

    Buen texto maestro, que bueno volver por acá.

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