miércoles, octubre 11, 2006

Motocicletas modelo 2006

El país que no lees en los periódicos, el que no ves en la televisión, el que la radio calló, el que sólo está en la tragedia y que nunca es mirado con buena intención sale a la calle todos los días a inventarse la vida y tiene el mismo acento que vos. Los invisibles nos miran como fantasmas que no espantan acelerando entre nosotros. El motor de una motocicleta es su arrullo, banda sonora y mejor canción.

Visitando las calles del barrio El Triunfo, donde sólo se puede perder la última esperanza, me encontré con el oficio de la creación; algunos jóvenes se juntaron con lo único que tienen… esas motos que sirvieron para vender el miedo de ayer hoy buscan una ruta distinta por las mismas calles. Curiosa fotografía: una moto que lleva una lavadora atrás. Ofrecen ropa limpia a domicilio por mil doscientos pesos la hora, entonces cuatro-cinco señoras se juntan para alquilar la máquina que las descansa. En esa moto viaja la Oportunidad.

Pestañas se llama Pestañas y tiene esa manera de sonreír que olvidas que alguna vez el dolor tuvo en su cuerpo un lugar. Lo suyo es la alegría y por eso montó Urgencias Lúdicas que, igual que las médicas, a domicilio llegan y lo transforman en económico clown. En el Doce de Octubre siempre es domingo cuando lo ves llegar en esa moto que es un circo en pequeño y que pesa tanto que no puede acelerar. En esa moto viaja la Imaginación

Una caricia siempre da paz y Eliana lo sabe bien; el ingenio sin ingeniería construyó el orgasmatrón; una araña de alambre que frotado sobre tu cabeza te relaja y alivia. Lo aprendieron a hacer porque alguien trajo uno de la India y se lo mostró a alguien que le dijo a alguien que lo tenía y alguno en la familia lo conoció. Te lo llevan en moto a la casa por si no sabés llegar a Urapanes, Bello adentro. En esa moto viaja la Esperanza.

Tarda todo tanto por llegar al sitio donde el progreso no encontró una excusa para visitar a nadie que las mototaxis son la única manera que encuentra el campesino de permitirle a su hijo que llegue a tiempo al tablero del salón a aprender lo que el trabajo de campo le enseña a olvidar. Esto sucede en el corregimiento de Palmitas. En esas motos viaja el Futuro.

Tanta calle y tanta lluvia, tanto asfalto y tanto sol. Afuera el aire respirado es smog. Tan joven y tan viejo like a rolling stone es el oficio de inventarse la vida y vencer el temor. No están en las cifras del último censo laboral, no cotizan semanas porque viven al día nada más, tienen en dos ruedas toda su riqueza y si les miras a los ojos no verás nunca a un criminal. Los invisibles pasan a tu lado, los de la moto te vienen a buscar, no atacan, se defienden del juego que les tocó jugar porque cuando los invitaron ya iban perdiendo 3-0 y nadie les pasó nunca el balón. Los invisibles siempre están en los barrios a los que nunca vas.

Dame dios más ojos para verlos.

1 comentario:

  1. Recuerdo a mi padre a mediados de los noventa hablando maravillas del Dr. Barraquer: un casi santo Dr Bogotano que por medio de una milagrosa cirugía hacía que los pacientes con cataratas en sus ojos recobraran la vista con un chasquido de dedos. Bueno, para no exagerar, con un movimiento de bisturí. Recuerdo su sorpresa y su veneración por el cirujano.
    Hoy paso casi a diario por la Clínica Barraquer en la calle 100 de Bogotá y el disco duro hace que de nuevo me pregunte qué sienten los que se acercan allí ciegos y salen atropellados por los colores y las formas.
    Leo tu blog. (¡Albricias! ¡Te estábamos esperando, malparido!)
    Leo tu descripción.
    Leo al barrio.
    Leo a la gente en tus palabras.
    Usted, amado Dr Barraquer, hace que los invisibles sean menos invisibles porque hace que los ciegos seamos menos ciegos.
    Gracias por regalarnos sus palabras. !Aquí estaremos para bebérnoslas!

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