jueves, noviembre 30, 2006

Canción de amor
para la ciudad
que me enseñó a decir amor

Curiosas maneras tiene la vida de permitirte decir lo que sientes. A veces, incluso, encuentras caminos que hacen posible que tu voz se escuche más allá de lo que tu imaginación alcanza. Y suceden pequeños milagros. Siempre he escuchado canciones a ciudades que sin visitarlas ya las conoces porque sus letras son declaraciones de amor escritas incluso desde el lugar del que acepta que la ciudad no te enamora todos los días y sin embargo.

Cuántas veces New York por Lou Reed & Woody Allen, cómo no Madrid por Loriga & Sabina o Buenos Aires según Borges o García. Y una canción nueva por estos días llamada Bogotá. La ciudad que no es escenario sino escena es mi vecina y mi asesina. A esta ciudad escribí -hace poco más de un año, creo- con palabras e imágenes la constancia de lo que conozco y siento. Así como G. Arango escribió Medellín a solas contigo, ratifico y descubro que cada quien puede dar su constancia de esta que también es su casa. Mi relato aquí es la constancia de un testigo y también de un sobreviviente. Todos somos protagonistas de nosotros mismos. Y esta es mi Lovesong. Pequeña serenata diurna de un habitante contemporáneo.

Estas palabras que también son video se llaman Del Miedo a la Esperanza. Y es una de las herramientas con las que mi ciudad se presenta al mundo que existe (si que existe) después de estas montañas. Sólo fabulé el personaje del padre hablando a su hija, todo lo demás también es cierto.

Atendiendo al pedido de alguien que aqui no nombro dejo lo que me pide; las letras que juntas se llaman guión literario y que se pueden escuchar & ver con el cariño hacia un equipo que lo hizo posible en www.medellin.gov.co en el apartado de esa página que invita a conocer Medellín. Punto & aparte, afuera preámbulos.


Medellín
Del Miedo a la Esperanza

Medellín, Medellín... tantas cosas se dicen de vos. Yo sé que la realidad completa no cabe en unos pocos segundos de noticiero o en las líneas del periódico de ayer. Ninguna ciudad está resumida en un titular de prensa. No creo que Londres sea sólo una bomba que estalló, sé que ciudad de México no es la noticia de un secuestro y estoy seguro que New York no es la hija del temor. Podría hacer una larga lista. Cuando me cuentan el mundo por fragmentos entiendo que juntar esos pedazos no hace un espejo.

Quisiera que tanta gente conociera esta ciudad como la conozco yo, como la conocemos los que hemos visto el color de un atardecer en Medellín. Me gusta recorrerla siempre un poco más para que me cuente los secretos de un lugar donde la vida siempre insiste en palpitar.

¿Sabes cómo es este paisaje? Las montañas que rodean este valle son el abrazo con el que despertamos todos los días, con el ánimo cierto de nuestros mejores propósitos. Todas las calles de mi ciudad conducen a un lugar donde nace una sonrisa. Porque así somos incluso en las horas más difíciles. Tienes que estar aquí para verlo.

Aprendimos a poner las dificultades de nuestro lado, la geografía incluso; caminos que se hacen avenidas, senderos que se transforman en escaleras al cielo, el Metro que nos cambió la vida y el Metrocable que es el asombro acariciando la ladera de barrios marginales a donde algunos piensan que sólo había llegado el olvido y hoy hasta sus preocupaciones cambiaron. La ingeniería y el ingenio nos acercan a todos.

Es fácil encontrar el amor en Medellín. Vivir nuestra ciudad es estar dispuesto a enamorarse. Recuerdo la ingenuidad y ternura de mi primer beso y las flores que llevé el día después, porque hay flores para todos los días, siempre estamos en estación.

El campo define el mapa de esta ciudad, el verde es el color con que podrías pintarlo, está donde tus ojos quieran mirar. La montaña y el valle nos dan de comer y el agua nuestra nunca falta; los riachuelos son hilos de vida en toda esta topografía.

Crecimos escuchando que Medellín era el corazón industrial de Colombia. Y no ha dejado de serlo. Por aquí pasa el mundo; cada día escucho más acentos distintos que llegan atraídos por los negocios y los eventos, por las ferias y los congresos que aquí encuentran casa, hogar y sede.

Oportunidad también es otra manera de decir Medellín.

Alguna vez casi pierdo un hermano; las enfermedades son así. Pero en el silencio de hospital se escucha el murmullo de los milagros. Y la salud vuelve de la mano del talento de alguien a quien llamo doctor. Yo no soy el único que cuenta esta historia, los trasplantes son tantos... los avances en cirugías, las investigaciones científicas...
tantas personas vienen de países distintos en busca de la esperanza que aquí encuentran.

Tenemos un presente y un pasado lleno de orgullos, es cierto. Pero también una historia que nos hizo hermanos en el dolor, llevamos las marcas en la piel de la memoria, por eso nuestra primera apuesta es por la vida. Y vamos ganando. No decimos convivencia, la estamos respirando.

Hubo un tiempo en que a los aeropuertos nuestros sentías que sólo se iba para decir adiós. Nuestro calendario ha cambiado los días y las terminales han vuelto a ser la puerta abierta de las bienvenidas y los abrazos. Porque Medellín siempre te da un motivo para regresar.

Uno vuelve para salir con ella a tomar café, para ir a cine y regresar a pie, por la alegría de aquella fiesta, por esa mirada que no puedes dejar atrás, por la comida que sólo se hace aquí, uno se queda para ver cómo envejecen los barrios viejos y cómo crecen los lugares nuevos, uno visita el Museo de Antioquia para que la historia te hable al oído y acariciar un Botero bajo el sol.

Uno sabe que el amor está en un parque y se detiene a espiarlo con cariño. Tantos sitios esenciales que cada uno de nosotros tiene un mapa propio para enseñarle a los amigos.

El corazón de nuestra ciudad tiene nombre de barrio. La escuela está allí y en los ojos de niñas y niños se ve que el futuro ya empezó. La educación es la nueva piedra que esta ciudad fundó.

No tenemos miedo a soñar. Y nos parecemos a nuestros sueños. Medellín tiene rostro, tantos rostros que construyen juntos las posibilidades de mañana. Nunca podré decir a qué suena esta ciudad. La música es generosa y se escucha en balcones y rincones, en el violín de un niña de barrio que no piensa en armas porque prefiere sinfonías. Y la alegría está en las calles, este documento de identidad nos dice que somos latinos y que no podemos dejar de bailar. Todas las músicas que tu oído conoce son parte de la banda sonora de esta película que llamas Medellín.

Ah, y siempre la feria de Flores para recordar como se hizo la tierra de los antioqueños, el traje de luces en navidad con que se viste toda la ciudad. Y todas esas fiestas que son llamados para que la gente salga a encontrarse. Y recordamos que crecimos juntos.

Yo siempre vuelvo a casa y siento que mi lugar está aquí porque en el abrazo de mi hija descubro que quiero que ella crezca en Medellín.

En los últimos años
Medellín ha pasado del Miedo a la Tranquilidad
Y de la Tranquilidad a la Esperanza

6 comentarios:

  1. Para tener el atrevimiento de escribir algo luego de lo que Juan escribepinta, hay que desnudarse.
    Yo me desnudo sopena de comenzar a ser odiado por muchos.
    Hace casi seis años me fui de Medellín. Y me fui de Medellín asqueado. Harto de encontrarme el sectarismo imbécil del paisa incapaz de ver más allá. Y me fui a Bogotá. Ahí sigue un puto aparte. Ahí dejo de desnudarme.
    Cada vez que he vuelto a Medellín tengo dos citas infaltables: una con mi familia y otra con una pareja de amigos a quienes amo como sólo ellos saben: salimos a comernos una piza o a descubrir un restaurante nuevo o a conversar.
    Desde finales del año pasado les he dicho algo que hoy quiero decir aquí: he comenzado a reencontrar a Medellín. He comenzado a ver cosas que se me hacían impensables y que me emocionan: Veo una administración sin corbata, veo una biblioteca inmensa (¡UNA BIBLIOTECA!) en un barrio a donde no llegan los buses grandes, veo cambios, veo ojos abiertos, veo la esperanza en la gente de a pié.
    No digo que sea perfecto, no digo que se hallan despejado los nubarronesluisperez o que se pueda decir punto y aparte. Pero digo que hay cosas esenciales que están cambiando.
    Digo que he vuelto a sentir los ojos aguados cuando veo desde arriba el José María Córdova , y aso, conociéndome, es un cambio inmenso, y me hace feliz.

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  2. mónica8:43 a.m.

    vale que haya un vos y ojalá más como vos que vean a Medellín así. casi siempre cuesta un resto. a vos te creo que la veás así porque sé que la conocés más y mejor que muchos, y te creo que no nos estés pintando la ciudad de flores que a veces nos quieren hacer tragar. hace falta de vez en cuando verla con los ojos de otro

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  3. Anónimo4:05 p.m.

    Yo sabia que debia regresar a Medellin! porque el amor me estaba esperando no solo en casa, ni en los parques, ni en la hermosa y moderna ciudad que siento hemos construido a pesar de...
    Yo sabia que debia volver a Medellin porque vos sin conocerme me estabas esperando..
    Namarí

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  4. Anónimo8:52 a.m.

    Soy de Medellín, aunque por muchas razones, entre esas Medellín, me llevaron a decidir hace algunos años vivir en Bogotá. Pero mis raíces siguen vivas, y desde la primera vez que vi el video hasta ahora que leo nuevamente el guión, tu historia, no puedo dejar de emocionarme, de sentir que se me eriza la piel y se me humedecen los ojos ante esa combinación mágica de dolor y amor.
    ¡Qué bien escribes, carajo!

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  5. Yo estoy perdidamente enamorado de Medellín. Cada vez que voy me enamoro mas y sigo llenándome de razones para volver. No me tocó vivir esa Medellín que casi casi nos suena a película de acción a quienes lo vimos a travez de los noticieros. A medellín la conocí en camino al barrio mucho antes de ir a cantar por primera vez. Descubrí a Medellín por los ojos de Juan. Asi que estoy seguro, porque lo viví, que ya habrá mucha gente enamorada por ahi esperando para ir a llenarse de motivos para volver y quien sabe si para quedarse.

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  6. Tantas veces escuche que uno solo extrana su tierra cuando esta lejos.. es cierto y doloroso. Estas lejos y quieres gritarle al mundo entero del amor que te dio tu tierra, de lo calido de su gente, de lo hermoso de sus dias. es increible lo mucho que se agota el estar lejos de medellin, nadie como un hermano nacido en medellin, nada como un platico de comida hecho con lo que buenamente nos dio nuestra tierra, nada como cuando dices: "voy a dar una vuelta" y lo puedes hacer, vas a todos lados sin tener rumbo fijo sin detenerte por que no conoces o por que sencillamente no tienes tiempo. Quiza suene normal que uno alabe el lugar donde nacio pero estoy plenamente segura que no hay ser humano capaz de resistirse a la belleza y locura que solo Medellin te puede dar.

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