miércoles, noviembre 22, 2006

El Olvido Que Seremos empieza a dejar recuerdos. La presentación del libro de dos veces Héctor Abad. Y contar que el corazón sabe recordar.
AYER
Ayer fue el bautizo de El Olvido que Seremos, el libro que nos saca de Amnesialand; ese lugar donde todos prefieren el olvido porque disipa lo malvivido. Ayer, después de haber cerrado las páginas de un libro que tengo abierto en el pecho me encontré con las líneas vivas de historias de muertos que, como dijo Abad recordando a Fernando González, no son ausencias sino presencias porque han estado vivos con vigor en labios de esa familia que escribe la palabra Dignidad con cada letra de decir Memoria.
Cuando Literatura y Realidad se encuentran el mundo gira de maneras extrañas y te cambia hasta las entrañas: lo que para alguien afuera de esta geografía y de los periódicos con los que crecí será una novela sobre las posibilidades e imposibilidades de ser humano, resulta ser la biografía de tantos que no se llaman Héctor Abad pero que podrían voltear a mirar escuchando este nombre porque esta también es su historia.
Ayer en la Torre de la Memoria, en la sala Manuel Mejía Vallejo todos estaban presentes (incluso los ausentes) celebrando la vida de poder contarnos esta historia que jamás debió ser escrita, porque jamás debió vivirse. Y volví a ver los rostros de tantos a los que leí allí entre frases que el valor, el cariño, el dolor y la tinta convirtieron en personajes de libro. Y me encontré con Héctor Abad Gómez y Marta Abad Faciolince entre hermosas canciones tristes de Coral y bellas melodías alegres del cuarteto que debió ser quinteto de Claudia Gómez, Pilar Posada y las demás que tenían cruzada una amiga en la garganta.
Ayer escuché el llamado a los Recuerdos de Mañana: cuando los pájaros sean algo que todos los cielos extrañen (Y el día esté lejano, advierte Barba Jacob) y tengo presente que el futuro es algo que ya empezó mientras en la presentación de aquel libro no respirábamos aire sino amor. El amor después del amor.
Ayer Héctor Abad Gómez lucía su última camisa blanca. Ayer Héctor Abad Faciolince vestía de negro pero no eran de luto su abrazo y su mirada. Y recordé que lloré en la librería apenas en la línea de empezar. Y esas lágrimas primeras que desde el epígrafe estuvieron conmigo dieron paso a sonrisas también en ciertos pasajes después de dejar cierta rabia atrás y al final me quedé con la sonrisa de saber que personajes entrañables como las que trae El Olvido... son personas nacidas del corazón y no de la imaginación. Como tantos sueños nacidos en Medellín, que es ciudad y también cicatríz.
Ayer estuve allí entre los tantos que ahora son, además, páginas de libro y los apretaba con cariño la misma mano que los escribió. Ayer recordé lo que el viento del olvido nunca se llevó: All We Need Is Love.

6 comentarios:

  1. Anónimo9:09 a.m.

    Aún sin empezar a leerlo pero con la inquietud constante de tenerlo cerca...espero con ansia poderlo comentar contigo al lado de unos cafés. Ana Caro & Gregorio.

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  2. Hace unos días escribiste sobre un disco que no habías escuchado. hoy lo haces sobre un libro que yo no he leído y que, por tus palabras, ya deseo leer.
    Que hermoso roll de puente.
    Que lindo trabajo propiciador.
    Todo lo que sale de tu pluma, todo lo que predices con tus palabras, adquiere el caracter de deseado y lograr eso, es priviligio de pocos.

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  3. mónica10:50 p.m.

    yo también estuve ahí, y te vi. después de la claridad y la franqueza con que Habad exorsciza sus recuerdos, y hasta sus olvidos, y la limpieza con que vos convocás a hacer parte de eso, de cualquier forma, es difícil dejarte aquí un comentario con sentido. comparto lo que decís, todo... y cómo lo decís¡

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  4. mónica10:52 p.m.

    sorry... exorciza

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  5. Anónimo2:52 p.m.

    Un libro que emana amor en cada página, un amor que con orgullo puedo decir he sentido.
    Desahogarme con un buen amigo cuando las lágrimas de la inpotencia no nos hacen olvidar sino recordar como vos decis
    ALL WE NEED IS LOVE.
    Namarí

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  6. Anónimo3:38 a.m.

    Ayer terminé de leer este conmovedor y valiente libro.Valiente, tanto por lo que cuenta de hechos históricos y objetivos, como de sentimientos subjetivos y,por lo tanto, íntimos.
    La primera parte, entrañable, con ese padre protector que lo hace sentir, casi como en el útero materno y el brutal contraste con la segunda que enfrenta el tremendo dolor que provoca la barbarie.

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